lunes , 30 marzo 2020
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Juana, la primera habitante de Sant Joan

El descubrimiento que modifica definitivamente la historia y el origen del pueblo de Sant Joan d’Alacant.

En abril de 2019, varios vecinos de la localidad alertaron de la aparición de un cráneo humano y numerosos restos óseos durante los trabajos de remoción de tierras en una parcela situada en el entorno de la plaza Maisonnave de Sant Joan d’Alacant. En un primer momento, y creyendo que se trataba de restos relativamente recientes, se dio parte a las autoridades competentes.

Después de varios meses de investigación, los arqueólogos Alejandro Gomis y Humberto García se entrevistaron con varios vecinos que estuvieron presentes en la aparición de los restos. Durante una visita al cuartel de la Guardia Civil, se les informó que se procedió al levantamiento del cadáver y que fue depositado en el Instituto Anatómico Forense para su posterior estudio.

El excelente trabajo realizado por los miembros del Equipo de la Policia Judicial del Puesto Principal de la Guardia Civil de San Juan de Alicante, junto al pormenorizado estudio del médico forense, D. Miguel Ángel Devesa Sais, permitió a los arqueólogos elaborar un detallado informe remitido a la Conselleria de Cultura y en el que se determinó que la cronología de la tumba se encontraba en torno a los siglos V-VI d.C. Esto significa que nos encontramos ante los restos humanos más antiguos hallados en Sant Joan d’Alacant hasta la fecha. Concretamente, el estudio forense concluye que los restos óseos son de data antigua y pertenecen a una mujer de raza caucásica, alrededor de los 25 años de edad y de aproximadamente 1,54 metros de altura.

Cabe destacar que la tumba donde reposaban los restos de Juana, a la que los investigadores pusieron este nombre de manera cariñosa y en honor al pueblo de Sant Joan, se encontraba a más de 2 metros de profundidad respecto al nivel de la calle actual. La tumba, del tipo cista, es una fosa de forma oblonga con las paredes de barro endurecido, orientada Norte-Sur, la cual albergaba, en deposición secundaria, los restos de Juana. Esto significa que Juana fue depositada, a priori, en el interior de un espacio funerario principal y posteriormente trasladada.

Una de las teorías sugiere que este cambio de ubicación de los huesos se produce cuando ya no existe conexión familiar con el difunto y se reutiliza la fosa primaria, aunque también puede deberse a un cambio del uso de las tierras u otro motivo urbanístico que se desconoce por el momento. Aun así, los restos de Juana fueron trasladados y depositados en una urna de barro fabricada ex profeso, con todo cuidado para este fin. Sin duda fue un ser querido y respetado para las personas que se preocuparon en darle esta segunda sepultura. Por desgracia, no se conserva la señalización, ni la tapa de la tumba. Tampoco restos cerámicos o ajuar que indicaran si se practicó algún tipo de rito previo a la deposición, ni restos epigráficos que proporcionasen la identidad.

Buscando paralelos sobre la tipología de la tumba, Gomis y García comprobaron que los únicos enterramientos en cista, de tierra endurecida, que contienen restos inhumados, se asocian a la Edad del Bronce y algunos enterramientos tardorromanos, estos últimos más en consonancia con la naturaleza y el hallazgo de varias inscripciones romanas durante la construcción de la actual parroquia de San Juan Bautista. Dos de ellas, sin duda, de carácter funerario en las que se leía la siguiente epigrafía:

“MACRONVS PVLVCIVS ALFA OMEGA CHRISTVS SEPVLTVS EST AETATIS SVAE ANNO XIII” (Macronio Pulcio fue enterrado a los 13 años de edad, Cristo es comienzo y fin).

“A..……… C O HEREDITAS NOSTRA PERASII VASTANI APIA N I ORCANI ERA DCXII” “(¿Este sepulcro?) es nuestra herencia de Perasio Apiano y Orcanio. Era de 612.»

Los arqueólogos destacan que la fecha de la segunda inscripción proporciona una cronología exacta, por un lado, a los materiales romanos recuperados recientemente en las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por la empresa Arqueo Inventario S.L. en la C/ Mossen Pedro Mena y, por otro lado, a la tipología de enterramiento de Juana. Hecho publicado por este diario el 31 de diciembre de 2019.

Por desgracia, estas lápidas están hoy día desaparecidas, aunque es muy posible que se reutilizaran en la época como material de construcción de la propia iglesia.

El hallazgo de estas inscripciones, narrado por P. Esplugues en su Tratado de Antigüedades del Reino de Valencia, lleva a plantear a los investigadores que en el subsuelo del entorno de la Plaza Maisonnave pueda existir una necrópolis tardorromana confirmada, en gran medida, por la aparición de Juana. Así mismo, informan que debe haber un asentamiento romano en los alrededores de esta zona, posiblemente una villa, más o menos próxima a ella, de la que procederían las laudas funerarias. Por todo ello, y dada la relevancia del hallazgo, los arqueólogos realizarán una petición a todos los representantes políticos de la localidad, un escrito conjunto en el que se solicite la devolución de los restos de Juana al pueblo de Sant Joan para que éstos sean depositados en el MARQ y poder disponer de los mismos en próximas exposiciones o en el futuro Centro de Interpretación Torre Ansaldo.

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