viernes , 16 abril 2021
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Patrimonio en riesgo

Muchas de las villas históricas de Sant Joan, Mutxamel y El Campello languidecen a la espera de que las instituciones intervengan para salvarlas. Nuevos proyectos suponen una gran esperanza de cara a la promoción de una gestión mucho más valiosa del territorio y del gran patrimonio que rodea a la huerta alicantina

Otrora casas nobles de familias vinculadas a la corona y al comercio, hoy en día ruinas o edificios en riesgo de desaparecer por completo debido a la falta de acción por parte de los organismos públicos para preservarlas. La situación del patrimonio en el entorno de la huerta histórica Alicantina es preocupante y es necesaria la llamada a la acción por parte de los municipios para salvar y poner en valor este entorno en riesgo de desaparición.

El ritmo de crecimiento urbano durante las últimas tres décadas, así como la falta de protección con respecto al patrimonio, han provocado la desaparición de una ingente cantidad de lo que un día fueron las villas que constituían el paisaje de la huerta alicantina; un conjunto de bienes aún pendiente de ser catalogado como conjunto y que se ha visto enormemente reducido debido a la falta de intervención pública.

Muchas de estas villas quedaron abandonadas después de los años 80, en un proceso estrechamente vinculado a los nuevos planes urbanísticos, los cuales suponían una revalorización de estos terrenos en un porcentaje descorazonador. Los antiguos propietarios empezaron a abandonar estos lugares con la intención última de vender los terrenos y obtener rédito económico, con la consecuente pérdida de estos pedazos de historia que hoy lamentamos.

Las huellas que estas arquitecturas dejaron en nuestro territorio no solo nos remiten a la época dorada que vivieron sus primeros habitantes, también nos trasladan a una época mucho más cercana. Algunas de ellas fueron el escenario del conflicto bélico durante la guerra civil; unas fueron utilizadas como escuelas para los niños que huían desde otras provincias, otras hicieron las veces de hospitales, e incluso sabemos que una de ellas fue escenario del pacto por la entrega de la provincia de Alicante a la finalización del conflicto.

Curioso es el caso de “La Princesa”, un palacete que actualmente se encuentra en un limbo legal, puesto que la potestad de su propiedad se encuentra en una situación incierta según las últimas investigaciones. A diferencia de otras de estas villas, la conservación de “La Princesa” se antoja más que viable, dado que su estructura presenta buenas condiciones y con una intervención a tiempo ésta podría ser salvada e incorporada como un edificio de titularidad pública.

La importancia de esta villa reside tanto en su valor artístico-arquitectónico, como en el patrimonio histórico que podemos encontrar en la misma: en sus paredes podemos ver grafitis de la guerra civil, entre los que encontramos aviones de combate, navíos de guerra, e incluso prácticas de aprendizaje realizadas por aquellas tropas que la ocuparon durante el conflicto. Sin olvidar que se trata de una pieza excepcional de arquitectura barroca que raramente podemos encontrar en un entorno de estas características. Sorprende, por tanto, ver el estado de abandono en el que se encuentra, por lo que su puesta en valor es indudablemente necesaria.

Más preocupante es el estado de deterioro en el que se encuentran “El de lo Conde”, de titularidad pública, o “Nazareth”, perteneciente a una entidad privada. Ambas presentan un estado de conservación deplorable y de no emprenderse acciones para la consolidación de ambas acabaremos por perderlas de manera temprana. Debemos tener en consideración que “Lo conde” se encuentra dentro de los bienes catalogados de relevancia local, siendo propiedad del Ayuntamiento de Sant Joan, y por tanto es una obligación legal por parte de las instituciones preservar este elemento patrimonial en caso de ser posible.

No podemos negar, en cualquier caso, el cambio de inercia existente tanto desde las instituciones, como desde iniciativas privadas. Recientemente hemos podido ver cómo se salvaban un considerable número de estos lugares en peligro. Aún así, puede resultar insuficiente; el estado de deterioro de muchas de las torres de la huerta nos recuerda lo necesario de mantener estos impulsos. El hecho de que éstas se encuentren catalogadas no ha garantizado su permanencia.

Asimismo, estudios recientes como el de Mª Teresa Riquelme, o los realizados por los arqueólogos Alejandro Gomis y Humberto García, vienen a actualizar la labor realizada por Santiago Varela en los años 80 de cara a la catalogación de estos bienes y para la preservación de éstos. Si bien, como mencionábamos, esto no garantiza su continuidad; muchos de los bienes estudiados y puestos en valor por Varela hace cuatro décadas ya han desaparecido por completo o se encuentran en un estado de degradación mucho mayor con respecto a los años 80 del siglo pasado. El tiempo es sin duda un factor determinante para preservar estos bienes; debemos poner todo nuestro empeño en salvarlos para que permanezcan entre nosotros y nos recuerden aquello que un día fuimos como colectivo.

En el ámbito divulgativo, proyectos que ahora arrancan como el de “Terra”, impulsado por “Arquitectos sin Fronteras” y el “Colegio Territorial de Arquitectos de Alicante”, junto con la valiosa labor realizada durante los últimos años por parte de las asociaciones locales, pretenden poner en valor todo este patrimonio y el entorno natural que lo rodea, a fin de llevar este conocimiento al público en general.

En el ámbito institucional, en cambio, no debemos olvidar que es necesaria una planificación y desarrollo elaborado por equipos técnicos especializados junto con una reglamentación local en materia de actuación, que permita la conservación y restauración de estos bienes.

La conservación de estos bienes supone una enorme oportunidad a la hora de plantear modelos económicos más sostenibles y que se alejen de la explotación del territorio característica de las últimas décadas; el turismo cultural es un motor económico de calidad, que puede favorecer la creación de empleo en sectores como el de la hostelería. Otros ejemplos de ello, como el proyecto tecnológico llevado a cabo recientemente en Torre Juana, nos muestran cómo nuevas economías y perspectivas laborales son posibles.

Nuestro deber como ciudadanos es el de exigir la preservación de estos lugares, evitar que desaparezcan, para que tampoco se desvanezcan de nuestros recuerdos. En nuestra mano está alzar la voz, comenzar a recordarlos, divulgar su historia y presionar para que se mantengan en pie. La labor ciudadana será igual de importante que la de las instituciones con tal de recuperar este entorno que hoy se tambalea, pero que debe permanecer.

 

Manuel Pérez

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